sábado, 27 de mayo de 2017

Visitando bodegas: Benegas


¿Alguna vez se les ocurrió pensar que nuestros abuelos tenían razón cuando decían que "lo que se hereda no se hurta?
Algo así nos contó Federico Benegas Lynch cuando visitamos su bodega en Drummond. Si les suena el apellido no se están equivocando, es el mismísimo bisnieto de Don Tiburcio Benegas, quien fuera fundador de la Bodega Trapiche, amiguitos!


Federico, las galerías y la cholula

Apenas lo conocí yo estaba un poco nerviosa y él parecía demasiado serio para mi gusto, pero me animé a romper el hielo preguntándole como se le había ocurrido empezar a hacer vino, y ahí fue cuando la seriedad se tomó el palo y con una hermosa sonrisa me contó que es nacido y criado en Mendoza, que su padre hacía vino y que cuando fue la liquidación de Benegas Hermanos, él contaba con apenas 18 años, fue todo un trauma en la familia, porque su padre amaba la bodega  y ya con 3º y 4º generación adentro, cada Benegas tenia muy poco porcentaje y era un lío, todos querían vivir de eso, entran en crisis y en ese momento es cuando Peñaflor compra las marcas de Benegas, como por ejemplo Font de Cave, Trapiche, etc. La familia decide irse a Buenos Aires.



Sigue diciendo: - Cuando me nombran director de Peñaflor y Trapiche en el 96  es mi vuelta a Mendoza luego de 25 años.
A los 2 años de estar en Mendoza, se ponen en venta los viejos viñedos de Benegas, ahí Ángel Mendoza me avisa diciéndome que si quiero hacer grandes vinos tenía que adquirir estos terrenos.
Eran 40 hectáreas, son la actual finca Libertad.

-Mi familia nunca vendió la marca Benegas, era propiedad de mi padre y al fallecer, mi madre me la regala. Yo hacía tiempo que estaba buscando una bodega vieja, cuando iba hacia la Libertad y pasaba por acá veía este edificio  que era antiguamente la bodega Traslavista, propiedad de Agustín Alvarez, gobernador de Mendoza. Estaba abandonada, un día toque el timbre y el cuidador me pasó un papelito con el teléfono del dueño.

- La refacción tomó 5 años, hubo que hacer todos los revoques nuevos. Empezamos a hacer barro y paja de trigo para las paredes y cuando llovía era impresionante ver como se deslizaba todo, averiguamos en México como era la receta correcta, que incluía jugo de cactus y así fue que logramos que se fijara definitivamente.

Ya era hora de comenzar la visita guiada asi que nos despedimos de Federico con muchas ganas de saber más de su historia.




Quien sería nuestro guía se llamaba Evaldo, un brasilero metido en el cuerpo de un pilar de los Pumas que a primera vista te intimida pero cuando empieza a contarte de la bodega le pone tanta pasión que logra meterse a todos los visitantes en el bolsillo.

Recorrimos este gran salón con la exposición de ponchos de Federico, traidos de cada una de sus escapadas, que según nos contó él, hace cada tanto cuando le dan ganas de estar solo, agarra su camioneta y emprende viaje hacia parajes lejanos, donde ha tenido muchas veces que hacer noche en casa de los lugareños porque ni un hotel hay.



Esta es la primer despalilladora usada que los empleados bromean diciendo que es un artefacto de tortura...
y tiene toda la pinta!

Evaldo nos contó que el edificio data de 1901, y la primera cosecha es del año 2000, siempre con viñedos propios. Producción de 300.000 litros y se especializan en los vinos tintos, los  blancos tienen solamente un Chardonnay y un Rose Cabernet Franc, que lo hacen muy pocas bodegas.
Exportan aproximadamente el 25 % de la producción a EEUU, Inglaterra, Austria, Bélgica, mucho a Canadá y China, ahora empezaron con Brasil.


Viaje en el tiempo: No les parece estar en Juego de Tronos? Mirá esa parrilla por Dios!




Conocimos los tanques de acero inoxidable, saboreamos uvas recién traídas y probamos vino directamente de las barricas... y esto recién empieza.






Luego vino el momento de la degustación. La bodega consta de 4 líneas de vinos.
A saber:
Línea Family: Clara (Chardonnay), Carmela (Cabernet Franc Rose), Luna (Cabernet Sauvignon) y Juan (Malbec), que son los nombres de algunos de los hijos de Federico.  Añejamiento 6 meses en barrica de roble francés (los tintos).
Nosotros probamos el exquisito Carmela que sorprende por su frescura y suave sabor frutado.





Línea Estate: Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Don Tiburcio que es un blend (50% de Malbec, 20 % de Cabernet Sauvignon, 20 % Cabernet Franc, 5% Merlot y 5 % Petit Verdot). Añejamiento 12 meses en barrica de roble francés.




Línea Single Vineyard: Malbec, Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Syrah, Sangiovese y Blend (Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot). Degustamos Sangiovese que sinceramente fue un puñetazo a mi nariz, pero que se suavizó cuando encontró mi paladar, portador una interesante acidez pero a su vez en bella conjunción con el alcohol. Otra copa por acá plissss!





Línea Benegas Lynch (Premium): Malbec, Cabernet Franc y Meritage (50 % Cabernet Franc, 30 % Cabernet Sauvignon, 15 % Merlot y 5 % Petit Verdot). Todos añejados en barricas de roble de primer uso y el Meritage tiene 5 años de estiba en botella. De esta línea probamos Cabernet Franc cosecha 2007 (atenti como nos mimaron!), que posee una linda cantidad de taninos, potente como un Torino del 69 y con final persistente.





Acá viene la nota de color: hay un blend, denominado FBL que no se hace todos los años, solamente si Federico considera que la cosecha es lo suficientemente buena. Lo más interesantes y divertido para mi entender, es que nadie sabe cómo es la composición exacta, solita su alma elabora este mix de varietales cual brujo jugueteando con sus pócimas. Y poder probar algo así tiene su precio: $3000 la botella queridos mios!






En cuestión de precios empezamos con la Línea Family en $215, Linea State $385, Línea Benegas Lynch desde $1150.
Las visitas guiadas cuestan $175 degustando un vino y $400 degustando los mejores vinos como Sangiovese y Meritage.










En el final de nuestra visita y recorriendo nuevamente esas galerías de madera, junto a hermosos viñedos, el sol entraba cómodamente por entre las hojas de parra como queriendo quedarse a oler un poquito más de esas uvas color rubí. Yo no pude más que aspirar hondo cerrando los ojos y les juro que por un momento me pareció escuchar el sonido de pequeños niños jugando a las bolitas en el mismo lugar que estaba parada, un escalofrío de nostalgia recorrió mi cuerpo, dibujó una sonrisa y la sensación de hogar me acompaño de vuelta tooooodo el camino.
No dejen de visitar Bodega Benegas, verán que no exagero.





Fotos: Gustavo Valles y mías.

Les dejo la info:
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